La productividad y el Soundtrack de mi vida se odian…

Por: SOFI CAZ

Estoy intentando escribir uno de esos ensayos maravillosos para la escuela. Me tiene que salir del alma echar choro y enredarme en las palabras, si quiero aprobar la materia. Sin embargo, la realidad es que a mí el columpiarme de las palabras no se me da.

– ¡Les juro que no me sale! Esta columna es producto de mi verborrea mental. Necesito sacar mis intrépidas ideas para acomodar nueva información en mi archivo mental. Sino mi disco duro (aka Cerebro) no jala.

Volviendo a mi bloqueo de escritor de ensayos en Ciencias Sociales. Por mi formación científica, lo mío es hacer reportes y procedimientos normalizados de operación (PNO’s). – ¿Qué con que se come eso? Pues muy fácil un PNO es como una receta para hacer cualquier cosa muy complicada. Redactada por un experto en el tema que cualquiera con la formación adecuada puede replicar – en teoría- para obtener el mismo resultado. ¡Así de simple! Entonces hacer ensayos con enfoque social, me está costando una bubie.

-Pero hay va la Señorita a hacer otro posgrado. ¡Porque no! Como no tengo nada que hacer.

Como no me queda de otra estoy colgada de la lámpara y del estrés. Ni las dos copas de vino tinto que ya me tomé están ayudando. Para acabarla en estos momentos no encuentro la música adecuada que me inspire, que logre hacer fluir las palabras de mi cerebrito al teclado, para unir la información necesaria, que ya tengo, en un documento fácil de leer y detallando mi punto de vista de una forma educada -¡Di No al sarcasmo, SOFIA!

En una situación normal, pongo música, saco los cacahuates japones, una coca cola de lata y fluyo.  No necesito nada más para ser productiva.  A veces estoy tan concentrada escribiendo que sin darme cuenta canto a todo volumen. Les juro que de verdad no me doy cuenta del volumen que agarro hasta que alguien me lo hace notar.

– ¡Tengo Playlists para todo! Para despertar, para hacer procedimientos, para revisión de documentos, para contestar mails, para hacer tarea, para salir a Carretera. Hasta tengo un Playlist para antes de las juntas; la cual inicia con “Eye of the Tiger” (Rocky III).

Pero no tengo música para hacer ensayos. ¡Por más que intento no puedo encontrar la música adecuada para hacer ensayos!

Si mi IPod todavía tuviera “Genius” podría generar una Playlist automática muy acertada para la situación, con mi música. Mi hermoso Ipod Touch, tiene toda la música que me gusta. Él no conoce la música mediocre y horrible. El pobre es un poco esquizofrénico; puede saltar de Highway to Hell a Piel Morena pasando por la Gran Aretha y rematar con él Cascanueces cuando está en modo aleatorio, pero así lo amo.

¡Pero Apple tenía que descontinuar el Ipod y unificar las aplicaciones de música! Ahora todo lo que me sugiere es comprar canciones.

Antes de que me mencionen las aplicaciones de streaming de música. Spotify no sabe hacer buenas listas de reproducción esquizofrénicas alrededor de una sola canción. Sin mencionar que la aplicación asume que porque estoy en México me gustan los corridos, el reguetón y la banda. Lo cual no solo me saca de concentración…

¡Me pone los pelos de punta! Su algoritmo intentando venderme música horrible es un insulto a mis necesidades musicales.

Ni mencionar cuando le doy “Buscar las novedades” todo lo que me propone es reguetón o esos monitos que cantan con una voz tan aguda y chillona; que me hace pensar que tiene una liga en las gónadas sexuales o son descendientes de un Castrati Región 4.

Mi gran problema en este momento de divagación mental está en el “soundtrack” de mi vida.

Por ejemplo, Guns and Roses y Black Sabbath invariablemente me recuerdan a mi papá, con sus casetes en el coche y mis primeros intentos de manejar. En esa época me “robaba” sus casetes y para que no se diera cuenta de cual me había llevado le revolvía los casetes en las cajas. Lo cierto es que nunca se quejó por encontrar a Juan Gabriel en la cajita de Ozzy Osborne.

Hotel California, me recuerda al primer novio que tuve. Cuando lo conocí tenía una fascinación por Eagles y en uno de sus momentos de ternura me dio una cátedra de porque Hotel California era un rolon. Me pareció tan lindo que “me iluminara” ampliando mi gusto musical más allá del pop que le di el avión haciendo ojos de borreguito. Así que los clásicos del rock están “Out”.

Ya intenté los clásicos del cine. Enio Morricone me recordó a otro humano especial. Los dos sentados en el capó del coche, vidrio del lado del piloto abajo, el soundtrack de “La Misión” sonado y yo entre sus brazos. Descartados por la misma razón “El Señor de los Anillos” y otras más. ¡Diablos como nos gustaban los soundtracks!

Los Clásicos de finales de los 80’s y principios de los 90’s. Me recuerdan la época de la prepa cuando sentados en las jardineras de la prepa cantábamos “Viento” de Caifanes. Cuando llegábamos al coro le dábamos una calada al cigarro. Acto seguido le soplábamos en la cara a Mike y a George el humo para darle efectos especiales a los coros que cantaban. Éramos todo un espectáculo. Ni mencionar el “Microbito” de Fobia, ese me recuerda a mi Amiba de la prepa bailando descalza en su casa al ritmo de la canción. Toda una época llena de buena música y diversión.

Las canciones del pop; Fey, OV7, Thalia, la Oreja de Van Gogh, etc. Me llevan al viaje en carretera que hicimos a Taxco para ir a un congreso. Cuatro viejas en un Tsuru, cantando como Muppets a todo pulmón viajando por la libre detrás de un tractor.

Cuando casi se mata un cristiano por andar de metiche. Resulta que el chico era parte de la procesión de virgencita que venia con el tractor. Cuando noto nuestras melodiosas voces decidió viajar por el acotamiento en su bicicleta alcanzando nuestro vehículo y sonriéndonos.

Todo fue diversión hasta que me dio calor, primero me quite los zapatos y los calcetines para sacar los pies por la ventanilla. Al chico le hizo gracia a mis compañeras de viaje no tanto. Así que me volví a poner los zapatos. Entonces decidí sacarme la chamarra, luego el sweater. En ese momento el chico de la bici se fue a la zanja. Sabemos que el chico sobrevivió al accidente cuando vimos su cabeza asomarse desde la zanja.

La música de coreografía como YMCA, Claridad, Corro vuelo me acelero, etc También esta descartada porque me recuerda una alcoholizadamente divertida época de mi vida Universitaria. “Che’s Químicos y sus hígados de alto octanaje” decía un amigo. Lo mejor de todo es que no existe evidencia fotográfica de esos momentos, porque “Que Oso”.

Pimpinela, Yuri, Ana Gabriel y la música de bailar solo aplican para hacer la limpieza. Odio tanto lavar los trastes que la música para azotarse es perfecta para esos menesteres, pero no para un ensayo.

¡Ah! Pero que difícil es concentrase cuando estoy perdida en la música de mi IPod, Spotify no coopera y la vela que compre para evitar que el aroma de cigarro se impregne en los esponjosos cojines de mi sala me transportan a épocas muy felices.

El oído para mi es como el sentido del olfato siempre me pueden transportar a un momento especifico de mi historia. Por ejemplo: El Drakkar Noir y Michael Buble me trae recuerdos de noches memorables, muuuy memorables. 

El aroma de Palacio de Hierro y los villancicos, siempre me va a recordar las compras de navidad (especialmente cuando trabajaba en Perisur) y los pequeños regalos que me hago para festejar mis logros.  ¡Soy Totalmente Palacio!

El aroma a maderas y humedad me recuerda el viaje a Ensenada a probar vinos.  Mientras que el aroma a Lisol (o cualquier sanitizante) me transporta a la planta de fabricación con sus paredes epóxicas, su acero inoxidable ultrapulido y operadores vestidos de blanco con cofias.

Puedo seguir enumerando los olores y las memorias, pero tengo que hacer mi ensayo o voy a reprobar, por falta de choro.

En estos momentos voy a sonar Chavo Ruca, pero extraño mi walkman.  Me gustaba la ilusión de tener el control, al menos, de mi música en casetes. Un casete lo podía escuchar cientos de veces sin comerciales sin canciones adicionales. Una fila sin fin de la misma música que me lleva al trance de productividad infinita.

En fin, hora de volver a mi ensayo y explicar de forma políticamente correcta el derecho a la salud. Bueno al menos ya quedo mi columna.

Edit: Nuestra Columnista logro entregar su ensayo y saco un honroso 8. Ahora solo tiene que hacer una playlist llamada “Tesis”.  Le deseamos toda la suerte con su playlist.

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